miércoles, 18 de septiembre de 2013

La Historia no termina

Cuando era niño, a inicios de los años 90, mi padre me contó sobre los jugadores a quienes él había admirado cuando era joven. Me habló de Lev Yashin, aquel portero ruso apodado la araña negra y considerado por muchos como el mejor portero hasta el día de hoy. Me contó también de Garrincha, de Pelé, que con menos de 1,70 de estatura se elevaba más que muchos gigantes suecos. Y ni qué decir de su habilidad para driblear jugadores contrarios. Y así me habló de muchos otros jugadores de la talla de Beckenbauer, Cruyff, Eusebio, Cubillas, etc.

Sentí un poco de pena al pensar que jugadores de esa talla no volverían a aparecer más.

En ese entonces se destacaba Lothar Matheus en una poderosa selección alemana, campeona del Mundial de Italia 90 e indiscutiblemente superior a todos sus rivales. Me queda en la retina jugadores como Andreas Brehme, Jurgen Klinsmann, Pierre Litbarski, Thomas Haesler, y algunos otros.


Matheus, Klinsmann y Brehme juntos en el Inter de Milan.

Al cabo de unos años aparecería la figura de quien yo considero es el mejor centro delantero de todos los tiempos, Ronaldo, el Fenómeno, el Gordo... el verdadero. Goleador absoluto de los mundiales, 3 finales en copas del mundo, 2 jugadas, 2 ganadas y 1 perdida frente a la Francia del extraordinario Zidane.


Ronaldo marcado de cerca por Ronald deBoer y Wim Jonk en la semifinal de Francia 98

El día de hoy, a más de 20 años de aquella charla con mi padre, puedo decir ilusionado de que este maravilloso deporte sigue mejorando, y nos sigue dando jugadores extraordinarios en todas sus posiciones. Por eso cuando escucho de algún fan de Messi que ningunea a C. Ronaldo (o viceversa), me parece una pérdida de sensibilidad. Yo digo disfruten del fútbol, ambos son extraordinarios, hoy por hoy hay tanta magia en el fútbol y los mejores años de un futbolista se pasan volando. Disfruten queridos amigos, y seamos testigos en nuestro tiempo, para que podamos contarle a nuestros hijos que hubo una vez un jugador tan rápido que parecía un Formula 1 dentro del campo, o que había un enano a quien no se le podía quitar la pelota, que hacía más de 80 goles por temporada.

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